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Siempre me ha fascinado la arcilla y lo que puede crease con ella,
por lo que a una edad temprana decidí que quería esculpir cerámica.
Cuando tenía dieciocho años entré en la Escuela de Diseño y Artes
Plásticas de la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, donde estudié
cerámica y escultura durante cuatro años.
Tras
mi primera exposición monográfica en 1977, la influyente crítica de
arte sueca Beata Sydow escribió la siguiente reseña en el periódico
de tirada nacional Svenska Dagbladet:
«El
encuentro con la cerámica de Agneta Larsen en la Galería Mors Mössa
(...) ha sido realmente algo para recordar. Esta es la primera
exposición que la artista realiza en solitario en la que a través de
objetos de la vida cotidiana, cuadros de temática libre que cuelgan
de las paredes y volúmenes tridimensionales muestra esculturas de
una claridad formal y poética excepcional. En raras ocasiones se
encuentra una ceramista que domine de forma tan palpable la creación
artística, coordinando materiales e imágenes para ofrecer un
resultado lleno de belleza.»

Tras
está crítica se me ofreció exponer en la Galleri Doktor Glas
de Estocolmo, que en ese momento era la galería de arte más
destacada de Suecia. A esto siguió una exposición monográfica en el
museo Röhsska Konstindustrimuseet de Gotemburgo y otras
muchas en distintas galerías de arte Suecas.
Desde 1990 vivo en el sur de España, en las afueras de un pequeño
pueblo llamado Casares, conocido por su pintoresca situación sobre
la cima de una montaña. La belleza del paisaje inspira mi
creatividad.
En
particular, tengo mi propio modo de representar los animales que me
rodean. También me inspira el arte clásico mediterráneo. Las caras
de mis mujeres se asocian a Grecia, Egipto o la era bizantina.
En lugar de los mosaicos que empleaban los artistas bizantinos y
romanos, yo he utilizado en algunos de mis relieves fragmentos de
porcelana rota. Muchas de estas piezas se encuentran en el mar en la
casa que mi familia tiene en el archipiélago que está a las afueras
de Gotemburgo. |